IGNACIO DOMEYKO  

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Ignacio Domeyko nació en Niedzwiadka, Polonia, el 31 de julio de 1802. En 1817 ingresó a estudiar en la Universidad de Vilna, licenciándose en 1820. Nacionalista y patriota, y a favor de la enseñanza pública, participó en 1923 en una revuelta contra la dominación rusa. Lamentablemente, las fuerzas polacas fueron derrotadas. Domeyko se vio obligado a dejar su tierra natal.

Luego de un breve paso por Alemania, Domeyko se radica en París, ciudad a la que siente como centro de libertad y civilización. Estudia en La Sorbona, el Colegio de Francia, el Jardín Botánico y la Escuela de Minas, recibiendo una gran educación como científico y naturalista.

También asiste a la Academia de Ciencias y al Conservatorio de Artes y Oficios, formándose bajo la dirección de ilustres sabios de la época. Su maestro Dufrenoy, lo motivó para que viniera a Coquimbo, por un período inicial de seis años, siendo contratado por el industrial minero Carlos Lambert. De París a La Serena, Domeyko cruza la Cordillera de Los Andes a lomo de mula, arribando en Coquimbo el 2 de junio de 1838. Pudo impartir sus clases, aunque no hablaba castellano, gracias a sus conocimientos de latín, lituano, alemán, inglés, ruso y francés.

Desde 1838 a 1846 Ignacio Domeyko fue profesor de Química y Mineralogía en Coquimbo. Fundó talleres, escribió programas de cursos, organizó exploraciones geológicas, fundió hornos, construyó laboratorios, iniciando con todo ello un vasto programa de instrucción y experimentación de base científica y tecnológica, con los conocimientos obtenidos en París. En dos años logró formar 14 estudiantes quienes fueron, en la práctica, los primeros ingenieros de minas de Chile. Más tarde, gradualmente, cada vez más, es invitado a Santiago y consultado en torno a materias educativas, científicas y tecnológicas. Como investigador, era prolijo y preciso, claro y conciso. Acompañó muchas de sus investigaciones con diseños y dibujos, lo cual era muy importante ya dejo testimonio de sus conocimientos.

Su énfasis público por la educación queda de manifiesto en 1842, al publicarse su ensayo, sobre el modo más conveniente de reformar la instrucción pública en Chile, donde sugiere modificar los planes de estudios vigentes y orientarlos hacia una formación más integral, que sirva tanto al profesional como al científico o al funcionario público; sugiere además la implantación de un mecanismo o entidad supervisora que oriente y encauce uniformemente los esfuerzos de la enseñanza en los distintos establecimientos. E incluso estima conveniente fundar una Escuela Normal de Preceptores. Sin embargo, el aspecto que nos parece mas relevante es su preocupación valórica en la formación educacional. Justamente por esto, Domeyko escribe en dicha memoria lo siguiente: "Un joven debe tomar amor al estudio por la noble ambición de desarrollar sus facultades intelectuales, de elevar su carácter moral. Si desde temprano se infunden en su tierno corazón i en su imaginación viva, miras materiales de interés i de egoísmo, se comprime muy pronto i se ahoga su talento, se apagan sus aspiraciones intelectuales i de valde se espera de él que prosiga sus estudios i se perfeccione, luego que empiece a ganar plata"

En 1847, siendo miembro del Consejo Universitario, sugiere la conveniencia de dividir el Instituto Nacional en dos secciones para desempeñar mejor las funciones que tenía asignadas, toda vez que dicha corporación actuaba como establecimiento secundario y como universidad al mismo tiempo. Finalmente su idea es aceptada y puesta en práctica en 1852,(13) con lo cual la Universidad de Chile empieza a trabajar más independiente del Instituto Nacional, orientándose principalmente al campo profesional. Durante su gestión como rector (1867 _ 1883), contribuye a actualizar la biblioteca y a incrementarla con textos de todas las disciplinas, tarea que el sabio polaco percibe como imprescindible para una enseñanza moderna y como un marco mínimo de apoyo a cualquier investigación disciplinaria; fomenta el desarrollo de carreras conducentes a nuevas profesiones, realiza innovaciones administrativas y académicas, y destaca la importancia de las carreras técnicas; estas últimas, a su juicio contribuyen a trabajar directamente con los recursos naturales del país. Dentro del universo de medidas tendientes a mejorar la educación universitaria, cabe destacar que fomenta el desarrollo de las ingenierías, en especial, la civil y la de minas, instando al gobierno para contratar en el extranjero todos los profesores que dichas carreras pudieran requerir, así como también destaca la necesidad de crear becas para que los alumnos más destacados puedan realizar estudios en Europa

En 1883 Ignacio Domeyko decidió dejar su cargo de Rector de la primera universidad nacional, renunciando también a sus clases de química, mineralogía y geología. Ya tiene 81 años de edad. La Cámara de Diputados le otorga una pensión vitalicia. Decide visitar Polonia y viaja con su familia recibiendo honores en Cracovia, Varsovia y Lituania. También visita Francia e Italia. Al poco tiempo de retornar a Chile fallece, el 23 de enero de 1889.

Como Rector, Ignacio Domeyko continuó la tarea de Andrés Bello. Entre ambos, sólo está la Rectoría de Manuel Antonio Tocornal, de corta duración. Le correspondió a Domeyko llevar adelante la primera gran reforma universitaria, la nueva ley de enseñanza secundaria y superior, de 1879. Existe, desde entonces, en la institución, un énfasis práctico, docente y profesional, manifestado en el otorgamiento de los grados de Bachiller y Licenciado.

En 1882 resultó reelegido por el claustro pleno; tenía ya 80 años y más de 40 consagrados a la enseñanza. Prosiguió como rector hasta que, el 30 de mayo de 1883, se aceptó su renuncia. Falleció en 1889.

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